
Estiro un pedazo de encaje vino tinto en un puesto de Paloquemao y lo suelto entre los dedos. Se queda ahí, colgando, sin volver a su forma, como una media vieja después de mil lavadas. Con los ocho años que llevo cosiendo lencería ya leo esa señal a la primera, pero la vez que más me dolió fue la primera de todas: pagué por ese rollo lo que cuesta una cena familiar afuera, convencida de que si una tela estira, sirve para lencería. Ese es el error que veo repetirse en casi todas las que arrancan en este emprendimiento de costura, y el que más plata les hace perder en telas y materiales de lencería que después quedan guardados debajo de una mesa.
La creencia de que "si estira, sirve" es el mito más caro de la costura para principiantes, y te lo digo sin rodeos: no es cierto. Muchos cursos hasta recomiendan practicar con retazos baratos de tela mala para no "desperdiciar" la buena, pero eso solo esconde tus errores. Si practicas con una tela que cede y nunca vuelve a su forma, ¿cómo vas a saber si el patrón te quedó grande o si fue la tela la que se venció? Invertir en un metro bueno, aunque cueste un poco más, te ahorra meses de dudas y de piezas que terminan en la caneca.
Antes de entender esto, caí en otro cuento: pagué por un curso en línea que prometía clientas pagando en poco tiempo, con una modista cosiendo rapidísimo frente a cámara y música de fondo. En ninguna clase explicaron cómo probar una tela antes de comprarla, ni por qué un elástico corto arruina una pretina entera. Terminé aprendiendo más arruinando encaje en mi cuarto de costura que viendo esos videos.
Elasticidad o rebote: La diferencia que nadie explica en la tienda
Hace poco una clienta me escribió preguntando por qué su primera pijama quedó "chorreada" después de la primera lavada. El problema no era su costura: era que había confundido elasticidad con rebote. La elasticidad es cuánto cede la tela cuando la estiras; el rebote, o recuperación, es si esa tela regresa a su tamaño apenas la sueltas. Puedes tener una tela buenísima para estirar y pésima para recuperar, y ahí es donde casi todas se equivocan al comprar. Para probarlo no hace falta ningún aparato: estiras la tela con fuerza entre los dedos y la sueltas ahí mismo, en el mostrador. Si se queda con ondas o tarda en regresar a su tamaño, esa tela no sirve para una pieza que va a ajustar al cuerpo todos los días.
Lo que la etiqueta de la tela sí te dice
La etiqueta de una tela dice más que "suave" o "elegante", aunque casi nadie la lee completa. Para que un brasier o una panty se sientan como los de una marca reconocida, hay que fijarse en la composición: lo ideal es una mezcla de 85% poliamida y 15% elastano. La poliamida deja respirar la piel y tiene un tacto más fino que el poliéster, que a la larga pica y se siente plástico contra el cuerpo. Mis clientas de WhatsApp me buscan por eso, aunque casi ninguna sabe nombrar la fibra: solo dicen que mis piezas "no se sienten puestas".
Zulma Peralta, mi primera clienta que pagó por una pieza completa, se probó un brasier nuevo frente al espejo de mi cuarto y me dijo que no se lo quería quitar ni para dormir esa noche. Ahí entendí que una tela buena no solo se ve bien colgada: se te olvida que la tienes puesta. Zulma sigue siendo de las clientas más puntuales pagando, y todavía me escribe por WhatsApp cada vez que necesita algo nuevo.
Un zigzag ancho frunció la tela y un elástico corto arruinó la pretina
Con las telas elásticas de lencería no cualquier puntada sirve, y de eso tengo dos cicatrices que lo prueban. La primera vez que cosí una pretina usé un zigzag bien ancho, pensando que así aguantaría mejor el estiramiento, y lo único que logré fue que la tela se frunciera en ondas feas alrededor de toda la costura, imposibles de planchar o disimular. La segunda vez corregí la puntada pero calculé mal el elástico: lo corté más corto de lo que la cintura necesitaba sin pensar en cuánto estiraba esa tela en particular, y la pretina terminó enrollándose sobre sí misma apenas la clienta se la puso. Le mandé la foto del desastre a Paola Henao, mi amiga costurera con la que hablo casi a diario, y me contestó sin rodeos que el problema no era mi pulso: era que no había dejado que la tela y el elástico "se conocieran" antes de coserlos juntos. El tipo de tela que elijas también decide cómo se va a comportar ese elástico cuando lo cosas, algo que casi nadie menciona hasta que ya arruinó una pieza.
Cortar contra el sentido del hilo estira la pieza para siempre
Otro golpe vino del sentido del hilo, esa dirección en la que la tela estira más y que casi nadie revisa antes de cortar. Corté la banda de un brasier en el sentido equivocado, pensando que daba igual porque la tela de todas formas estiraba, y la pieza terminó cediendo tanto que no cerraba en la espalda ni sostenía nada. Ahora toco y estiro cualquier tela en las dos direcciones antes de poner la tijera encima: casi siempre estira más hacia los lados, y esa es la dirección que tiene que rodear el cuerpo. Ese retazo arruinado todavía está guardado en mi organizador de elásticos, como recordatorio de que el sentido del hilo no es un detalle de modista con años encima: es lo primero que hay que aprender a mirar.
La costura que no aguantó el primer lavado
La cuarta cicatriz fue una costura completa que se abrió en el primer lavado. Había cosido una tanga entera con la tensión del hilo mal calibrada, apurada por terminar un pedido, sin fijarme en ese estirón seco que avisa cuando el hilo está a punto de partirse. Ahora, antes de coser cualquier pieza en mi cuarto de costura en Chapinero, paso el dedo por el regulador de tensión hasta sentir que encaja con un golpecito seco en su lugar, y solo ahí empiezo con la tela de verdad. Es un segundo, pero ese segundo evita que una clienta reciba una pieza que se le abre en la primera lavada.
Cómo elegir los materiales de lencería sin gastar de más
Antes de comprar cualquier tela para tu próxima pieza, hazle la prueba del estirón: estírala con fuerza y suéltala. Si queda ondulada o tarda en regresar, no sirve, sin importar lo bonita que se vea colgada en el rollo. Revisa la composición en la etiqueta, prueba el sentido del hilo con los dedos y calcula el elástico pensando en cómo se comporta esa tela específica, no la de la última pieza que cosiste. La tela que elijas también decide qué le puedes cobrar a una clienta de WhatsApp sin que el margen se te vaya en materiales; una tela buena, aunque cueste un poco más, se paga sola porque la pieza dura y la clienta vuelve a pedir. Esa es la decisión que te toca tomar antes de sacar la billetera, no después de arruinar tu primer metro de encaje.